La liga que quiso romper el golf encontró en la altura de Ciudad de México el escenario perfecto: drives absurdos, caos controlado y Jon Rahm tomando el torneo como si ya supiera cómo termina.

Hay torneos que se sienten como calendario.

Y hay otros que se sienten como una declaración.

LIV Golf Mexico City 2026 fue eso: una liga que todavía divide al golf, aterrizando en un campo con historia, altura y suficiente personalidad como para no parecer una sede prestada. El Club de Golf Chapultepec no hizo de anfitrión. Hizo de filtro.

Para entender lo que pasó este fin de semana hay que entender primero qué es LIV.

Nació en 2022 como el proyecto que quiso modernizar el golf profesional a su manera: menos solemnidad, más velocidad, equipos, shotgun start y una narrativa construida alrededor del espectáculo. En 2026 su formato ya es más amplio: 14 eventos, 57 jugadores, 13 equipos de cuatro, cinco wild cards, cuatro días y 72 hoyos, con título individual y por equipos en cada parada.

Eso es la teoría.

La práctica, en Ciudad de México, fue otra cosa.

Porque El Chapultepec está a 7,800 pies de altura, y eso convirtió el torneo en una versión alterada del golf: la pelota voló más, los bombazos se volvieron todavía más absurdos, pero el margen de error también se hizo más caro. Hubo 21 drives de más de 400 yardas en la semana, la distancia media fue unas 30 yardas mayor que en cualquier otro evento LIV de la temporada y, al mismo tiempo, la precisión al fairway cayó a 48.9%. Fue golf de poder, sí, pero también golf de control fino en un lugar donde la potencia sola no bastaba.

Y ahí apareció Jon Rahm.

Ganó con -21, cerró con 64 sin bogeys y abrió el domingo con la clase de secuencia que te hace entender rápido quién manda: birdie en el 2, eagle en el 3 después de manejar el green del par 4 de 390 yardas, y birdies inmediatos que lo pusieron seis arriba cuando el torneo todavía estaba arrancando. No fue una victoria cerrada. Fue una toma de control.

Detrás de él terminaron David Puig y Josele Ballester, para completar un podio totalmente español. Y en equipos, Legion XIII cerró el doblete con -45, nueve golpes mejor que Fireballs GC. De hecho, el equipo de Rahm había construido después de 36 hoyos la mayor ventaja de equipo registrada por LIV en cualquier ronda: 19 golpes.

Eso también cuenta otra historia.

Porque LIV suele venderse como fiesta, ruido y formato alterno, pero en México la imagen que quedó fue otra: la de un circuito que encontró en El Club de Golf Chapultepec una sede con peso real y en Rahm a su figura más sólida. El propio El País resumió el momento así: en medio de la incertidumbre de la liga, Rahm hoy es su valor más seguro. Y esa idea tiene sentido cuando ves lo que hizo este fin de semana.

Lo más interesante, desde una mirada TRG, no es solo que LIV haya pasado por México.

Es que por un fin de semana, El Club de Golf Chapultepec logró domesticar a LIV.

Le quitó un poco de plástico.
Le devolvió contexto.
Le puso geografía.
Le puso ciudad.
Le puso historia.

Y entonces la liga dejó de sentirse como un experimento itinerante para parecer, por momentos, algo más serio.

No porque haya cambiado.
Sino porque el campo la obligó a hacerlo.

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